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Personajes: DOÑA NATY (Monologo de Sueños)

Se llamaba NATIVIDAD GONZALEZ DE CALVO, pero los vecinos de La Madrid la habían apodado Doña Naty

Desvalida de afectos .Pobre. Con innumerables cicatrices abiertas. Trabajadora incansable y con un carisma muy especial que irradiaba ternura por los cuatro costados su vida transcurría entre su soledad y sus ventas callejeras.

Se llamaba NATIVIDAD GONZALEZ DE CALVO, pero los vecinos de La Madrid la habían apodado Doña Naty acortando así su nombre tan largo como sus sueños.

De regular estatura. Piernas cortas. Regordeta .Enormes ojos celestes y gastados cabellos blancos sus hermosas facciones denotaban una vida llena de lucha y sufrimiento.

Tuve la suerte de conocerla cuando ya anciana fue a vivir a la casa de la calle 25 de Mayo .Los fondos de la casa de mis padres lindaban con la suya.

En ocasiones la oía hablar en su enorme soledad a través del seto de ligustrinas mientras alimentaba a sus gallinas o lavaba sus ropas en una enorme batea de madera.

Por las mañanas recogía celosamente los huevos que mas tarde ofrecía en la vía publica pregonando a gritos sus bondades tirando de un viejo carrito que estaba construido sobre el esqueleto de un cochecito de bebe.

Infaltable en las fiestas patrias donde a cambio de unas monedas prendía la clásica escarapela de cinta celeste y blanca en el pecho de los concurrentes.

En los bailes colocando aromados ramitos de nardo en las solapas de los caballeros y en las fiestas carnestolendas vendiendo el clásico papel picado.

Era su forma de subsistir ella se la rebuscaba de todas formas.

Tenía varios hijos. Por esas cosas de la vida sus retoños se habían ausentado cuando jóvenes buscando mejores horizontes y tenia escasa comunicación con ellos .Visitaba todos los domingos la iglesia evangélica como una desesperada manera de aferrarse en una fe que la sostuviera.

Por las tardes la espiaba por la ligustrina y la veía sentada en una desvencijada silla atada con alambre al solcito en el patio .Escuchaba su voz en un monologo de palabras incoherentes así como sus grandes sueños que tal vez no se cumplieron.

Cuando el tiempo empezó a pesar sobre su doblada espalda y se transformo en un sentimiento de dolor, su melancolía de grandes ausencias se convirtió en una gran sala de espera…y una cálida mañana de verano se quedo dormida para siempre con una sonrisa en los labios.

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