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Personajes: UN ITALIANO EN LA MADRID

Se llamaba MARIANO PALMIERI

Se llamaba MARIANO PALMIERI .Fue uno de los personajes un tanto criticados por la sociedad de General La Madrid en la década del cincuenta.

Cuestionado en el sentido de que algunas personas rumoreaban que poseía una gran fortuna. Otros, los mas escépticos decían que lo que ganaba apenas le alcanzaba para vivir. Lo tildaban de tacaño. Aunque sus familiares sostenían siempre que era una persona muy caritativa.

Había emigrado desde Italia hacia América al terminar la guerra junto con sus hermanas Vicenta y Antonia y sus cuñados. Habían llegado al puerto de Buenos Aires en un barco de bandera italiana donde también venia la familia Eboli. Ambas familias se establecieron en General La Madrid que por aquel entonces comenzaba a desplegar sus alas al crecimiento.

Lo recuerdo de baja estatura, morrudo, hosco y solitario tirando siempre de una vieja carretilla ladeada de un costado y atada con alambre donde se podía observar entre los vicios, carbón, verduras , papa, cebolla, revistas viejas, fierros y otros artículos que se dedicaba a comerciar.

Su vestimenta era de lo mas exótica: pantalón a cuadros de tela de casimir sostenido a la cintura por un trozo de hilo.

Camisa a rayas, chaleco, un sombrero negro casi puesto hasta la nariz, un zapato de color negro y otro de color marrón, ambos sin cordones.

Habitaba una vieja casa en la esquina de Rodríguez Peña y Azcuénaga que estaba constituida por dos habitaciones y otras dependencias .En el lugar donde estaba normalmente y donde pernoctaba se podría observar desde un viejo calentador “Primus” a querosene, un camastro, y unos pocos muebles mezclados entre bolsas de papas, de cebolla ,carbón y otros enseres.

Pero lo mas risueño de todo era que las paredes de lo que constituía su morada estaban cubiertas con fotos de artistas en malla y en ropa interior recortadas de las revistas “Antena” y “Radiolandia”,revistas de circulación de aquella época.

Por las noches solía concurrir a las reuniones de la Iglesia Evangélica y por las mañanas comerciaba su mercadería llegando a recorrer largas extensiones con su carretilla entre las quintas y el ejido urbano.

Algunas veces los chiquilines del pueblo lo acosaban arrojándole piedras. Lo que terminaba con la enfurecida reacción de éste vociferando insultos a diestra y siniestra.

Aún en sus últimos años siguió tirando de la vieja carretilla, hasta que lo sorprendió la muerte tal como había vivido, pobre y solitario.

No se sabe cuanto puede haber de cierto en todo esto. No se sabe si es la mala memoria de la gente o una mueca irónica del destino. Pero la vieja creencia popular de que Mariano Palmieri tenía una gran fortuna se desdibujó en el olvido.

Por: MARIA ANGELICA FIDALGO

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