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Marisa Santa Cruz: “Día a día vamos aprendiendo a vivir con el dolor y a seguir luchando”

Marisa Santa Cruz: “Día a día vamos aprendiendo a vivir con el dolor y a seguir luchando”

Federico Ponce fue uno de los jóvenes asesinados en la denominada “Masacre de Carmen de Patagones”, ocurrida el 28 de septiembre de 2004 en la Escuela Media N° 2 “Islas Malvinas”, en la ciudad del sur bonaerense. Su mamá, Marisa Santa Cruz, recordó el hecho al cumplirse un nuevo aniversario del ataque de Rafael Júnior Solich contra sus compañeros.

Aquel día, en la Secundaria ubicada en pleno centro de Carmen de Patagones, además de Ponce, murieron Sandra Núñez y Evangelina Miranda; también resultaron heridos Natalia Salomón, Cintia Casasola, Nicolás Leonardi, Pablo Saldías y Rodrigo Torres.

“Este hecho nos destruyó la vida. Día a día vamos aprendiendo a vivir con el dolor y a seguir luchando, en nombre de Federico y de todas sus compañeras”, mencionó Santa Cruz.
“Fue una masacre”, describió la mujer. “Fue un hecho evitable y programado por Júnior y Dante (Penna)”, sostuvo y al hablar de su hijo Federico lo describió como un joven “lleno de luz, vivía cantando, era muy buen alumno y vivía cantando. En todos los hechos buscaba justicia; él decía que quería ser cantante y Juez porque donde había un hecho injusto él buscaba revertirlo por todos los medios”.
“Ese día se había acostado muy tarde porque había estado grabado música para sus amigos. Se levantó temprano porque era muy responsable y capaz. Se fue a la escuela contento y nunca más volvió”, repasó Santa Cruz al rememorar las últimas horas que estuvo con su hijo.
La madre de Federico Ponce subrayó que “era un hecho evitable” porque “estaban todos los indicios, que nosotros no los teníamos, pero sí la Escuela”.
“El padre de Júnior había ido al Gabinete a manifestar que estaba violento, que Dante lo manejaba y lo manipulaba con sus ideas. Estaban agresivos con las mujeres y el Gabinete sabía de la problemática. La mamá de Dante sabía que se iban a suicidar juntos. El padre y la madre de Júnior también sabían… aparte escribían en los bancos que los iban a matar a todos; los papás no lo sabíamos pero sí en la escuela tenían que conocer esta cuestión”, planteó.
“Los compañeros por ahí pensaban que era un chiste. Pero el Gabinete, que son psicopedagogos y psicólogas, ¿no le dan importancia a esas actitudes?”, reflexionó Marisa Santa Cruz. “No pueden estar al frente de un Gabinete si tienen la irresponsabilidad de no darse cuenta y no trabajar las cuestiones”, sumó.          
La mujer sostuvo que Dante Penna, un amigo de Solich está involucrado en la masacre. “En el expediente, Júnior dice que quería matar desde Séptimo grado que era otro grupo en otra escuela; la intensión era matar no a quién ni por qué. Desde que empezó a juntarse con Dante empezó a tener fuerza, a revelarse y estaban con esas ideas del desprecio de la vida, de la de ellos y de los demás”, comentó.
Sobre lo que pasó en el momento del ataque, la madre de Federico Ponce detalló que “no estaba el profesor ni la preceptora, inclusive cuando empezaron los disparos el que corrió fue un preceptor que estaba en otra ala de la escuela”.
“Fue completamente negligente y apática el tratamiento de la escuela”, acusó y reprochó la actitud del asesino (Rafael Solich) que “sabiendo la problemática de su hijo dejó el arma con el cargador, fue una locura”.
“Uno pierde las ganas de proyectarse y de todo porque los hijos son lo más sagrado. Perderlo por asesinato y en un caso previsible la impotencia es mayor”, indicó sobre el pedido de Justicia.
Contó que la única ayuda psicológica que tuvieron tras la masacre “fue a través del Hospital; los chicos tenían que concurrir al centro psiquiátrico y no era lo adecuado. Educación puso dentro del aula sus propios psicólogos que hacía que los chicos se enfrentaban con Dante y muchos no querían concurrir más porque pensaban que era el ideólogo… fue terrible”.

“Desde la Dirección General de Escuelas se acercaban pero desde la Escuela les mandaban información errónea, de que nosotros queríamos destruirla o algo así cuando lo que estábamos haciendo era trabajar para que los chicos pudieran superar este hecho tan doloroso”, agregó. “Desde Educación el trabajo que hacían era el ´divide y reinarás´”, criticó.
Además de Federico, la familia Ponce Santa Cruz tiene otro hijo: Maximiliano, que cursaba en el mismo colegio que su hermano muerto y egresaba a fines de 2004. “Iba a seguir Prefectura pero no lo hizo afectado por la situación”, comentó la mujer.
“La escuela cambió los directivos. En un primer momento fue un caos total. Los profesores les 
decían ´basta de hacerse las víctimas´, que ya había pasado. Le quisiera decir a esos profesores que después de 17 años, muchos de los chicos que hoy son madres y padres siguen tan afectados como el primer día. Esto nos pasó pero no pasó”, remarcó Marisa Santa Cruz.
Sobre el avance de la causa, la madre marcó que “la causa estuvo detenida mucho tiempo porque no pudieron encontrar al padre de Rafael Júnior para entregarle un oficio”.

“¿De quién es empleado? De Prefectura Naval Argentina que nunca dijo dónde trabaja; Prefectura trabaja de forma corporativa, le dio la sanción por el arma porque los papás estuvimos exigiéndole a (Carlos) Fernández que tenía que tener algún tipo de castigo por haber dejado el arma donde no correspondía. A partir de la entrevista tuvo la sanción del uso del arma pero siguió trabajando”, se quejó sobre el accionar de la Fuerza.
“Eso demoró las causas cerca de 2 años”, repasó y contó que la familia de Júnior Solich “se fue el mismo día” de Patagones “y hasta hoy no los vimos más”.
“Hubiera querido hablar con él para preguntarle. Igual considero que no sería coherente lo que me diga porque quería matar la alegría que a él le faltaba”, contestó Marisa Santa Cruz sobre la posibilidad de hablar con el asesino de su hijo. “Lamentablemente en este país la Justicia suele estar ausente. Pero cada 28 (de septiembre) le mandamos luz y seguimos esperando de pie por Fede y por el resto”, dijo visiblemente emocionada.
La masacre “fue un antes y un después. Totalmente”. “Espero que se trabaje para que nunca más ocurra”, cerró la mamá de Federico Ponce.          

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