
Sin dudas la Argentina, o más bien los argentinos, somos ciclotímicos. Podemos, casi al mismo momento, reunirnos para colaborar a levantar de las ruinas a quien está caído o pelearnos prácticamente por culpa de la política o de la politiquería.
En los últimos días hemos sido testigos de esas dos imágenes: por un lado la alegría de ayudar con Bahía Blanca, observar como “caranchos” se aprovechan de la solidaridad y en el Congreso ver imágenes nefastas.
Para Aristóteles la política es un arte en el sentido de que todo hombre para vivir en sociedad tiene que convertirse en político. La política es una noble función, una realidad de la condición humana de los que vivimos comunitariamente. La politiquería en cambio es cuando la política no está al servicio de un pueblo o una Nación sino que está al servicio de los que quieren aumentar o conservar su poder.
“Junto a la movilización solidaria del pueblo en favor de la gente de Bahía Blanca vimos las tristísimas imágenes del Congreso. Un espectáculo pavoroso en las calles y uno asqueroso dentro de la Cámara de Diputados, eso es la antipatria, la antipolítica y la antisolidaridad.
Hay un sector de la clase política que destruye el presente y el futuro del país”, sostiene el padre Juan Carlos Garciarena (foto).
El Párroco lamatritense no oculta su sorpresa al ver la cantidad de jóvenes que colaboraban en acciones solidarias.
“Esos adolescentes tienen todo el derecho de vivir en un país normal, ordenado, de paz, que dé ordenado y de justicia, y no uno donde se agarren a las piñas los que nosotros elegimos para que redacten las leyes que nos deben ordenar como sociedad”, analiza.
“El 99 por ciento quiere cargar un camión que va con nuestro corazón, cariño y respeto, que va a quienes están bajo el agua. El 1 por ciento son los inmorales que se aprovechan o se pelean”, concluye.