
Pasó un mes desde que la Argentina se consagró campeón en el Mundial de fútbol y aún hoy se vive aquella alegría a flor de piel. A cada momento los medios -de comunicación y electrónicos- nos recuerdan cuando Messi levantó la copa, y muy probablemente todavía se nos escape un comentario y, por qué no, una lágrima recordando aquel momento que ¿será eterno?
Lo que se vivió en los momentos posteriores a que la Selección le ganara a Francia retumba. Para la socióloga María Emilia Pérez “una emoción no se racionaliza. Es muy difícil explicar un sentimiento colectivo que es del plano de lo emotivo”. No hay dudas que para intentar explicar la alegría que se originó desde Qatar y la actuación de la “Scaloneta” hay que tener en cuenta lo contextual: Argentina es un país de cultura futbolera y la realidad social. “Una alegría colectiva es algo esperado y necesario. Te sentís parte de algo que te excede como persona. Lo colectivo tiene mucha fuerza y es algo superior”, plantea la profesional.
Sin dudas levantar la Copa fue vivido como un desahogo, era algo que se necesitaba. “La felicidad es otra cosa, es un sentimiento que también es temporal pero este es un momento de alegría colectiva, de disfrute, de sentirnos parte y de identificación siendo que algunos no han tocado una pelota en su vida”, compara Pérez. El sentimiento que transcurre es pasajero, que no tiene que ver con el patriotismo ni que vaya a trascender, por ejemplo, en una organización colectiva. “No se puede transpolar lo que sucede en el fútbol a lo que pasa en la política o en la sociedad”, aclara la socióloga. El fútbol es un fenómeno de masas por lo que se tiende a dar justificaciones irracionales a cómo actuamos y cómo lo vivimos